martes, 16 de diciembre de 2008

Nino

Los próximos 6 personajes, uno a uno, irán siendo los seis pequeños locos que tengo en casa. Apenas hablo de ellos, pero en realidad son las personas con las que más tiempo paso, y también los que más se preocupan de mí. Empiezo, por ejemplo, con Nino:

Nino fue el primero al que conocí. Estaba en la puerta de casa, con las dos maletas, recién llegada al edificio. Llamé a la puerta y me abrió un chico moreno, despeinado, con cara de sueño. Me sonrió, me dijo que no sabía que llegaba. Iba con una camisa más que estirada de vieja, y unos pantalones cortos, descalzo. Me miró, sonrió, se rascó la cabeza girándola ligeramente a un lado y me ayudó a meter los trastos. Me enseñó la casa y entró a su cuarto, estaba con otros 3 chicos. Al poco se asomó a la puerta, dijo que se iba, y me quedé sola en casa.
Desde aquello ya han pasado 3 meses. Un chico callado, tranquilo, que no suele contar mucho de nada. Yo cogí pronto la costumbre de regañarle, de broma, por todas las pequeñas cosas que hacía mal: “Nino, ponte los zapatos”, “Nino, tienes que comer más fruta…”. Al poco tiempo, me llamaba Mamma. Y con eso nos hemos quedado, somos madre e hijo, y nos comportamos en gran parte como tales. Poco a poco va cogiendo confianza, va contando cosas, y me voy convirtiendo también con él, como con todos los demás, en el confesionario femenino, en esa chica con la que pueden hablar y que comprende el insondable mundo femenino.

El otro día dormí con él, en su cuarto ya dormían sus dos amigos y se vino a dormir conmigo. Antes de dormirse me dijo que echaba mucho de menos a su madre estando en Roma, y que tenerme a mí aquí hacía que se sintiera un poco más en casa. Se me acercó, me dio un beso en la mejilla y me dijo “buona notte, Mamma”. Y yo lo habría ahogado a abrazos si no fuera porque dormía como un bebé….

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